martes, 30 de julio de 2013
#1
El amor no es más que un juego bélico en el que se trata de conquistar el corazón del oponente. En este juego hay que tener tácticas, la mía es proteger el corazón con varias capas. Siempre lo ha sido, pero hace poco me deshice de todas las protecciones, por él, porque pensé que él sería capaz de desviar cualquier bala o estocada, pero en el momento de la verdad, todas dieron de lleno en mi. Solo me quedó levantarme, ponerme en pie, y entender que un escudo no era lo que yo necesitaba. Hice un pacto y convertí mi corazón en piedra. Él volvió, pero se encontró con un corazón incapaz de volver a amar. Por eso ahora juego y gano todas mis batallas...
A veces pienso que me gustaría volver a sentir algo, pero luego recuerdo lo que sentí al levantarme tras los ataques. Recuerdo que lloraba, pero no por la sangre, ni siquiera por la herida, sino por la pérdida. Exacto, no lloraba por mi, lloraba por él. Aún no entiendo cómo se puede ser tan estúpida. Cuando lo recuerdo, se me encoge el corazón y para sentir tristeza, mejor no sentir nada.
Tal vez algún día llegue el chico que consiga hacerlo latir de nuevo, quién sabe, pero ¿quieres saber un secreto? En el fondo sigo creyendo que aquel que lo destrozó es el único capaz de hacer que vuelva.
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