El Sol se nos escapa de las manos, el frío comienza poco a poco a apoderarse de la mayor parte de las horas del día y comenzamos a anhelar la llegada de los viernes, agobiados y encarcelados por montañas de libros.
Personalmente, no me preocupa en exceso, pero tengo miedo. Estos últimos 3 meses han sido perfectos, y no se cómo encajar el hecho de que acaban. No se cómo me voy a acostumbrar a no ver a mis niñas todos los días, a no ir con las mejores personas del mundo a dejar sin yogurt a los del smooy, a estar estudiando todas las mañanas en vez de estar en zumba...
Me dijeron que era valiente, y al negarlo, contestaron que entonces, lo seríamos todos juntos. Me dieron hombros de sobra en los que llorar cuando mis ojos estaban anegados en lágrimas y sonrisas que correspondían a la mía en cualquier momento.
Vosotros, no lo comprendéis, tampoco es mi objetivo que lo hagáis, escribo esto para desahogarme, porque hacerlo me tranquiliza...
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