Mis ojos se estremecieron mientras los rayos de sol dejaban su calidez de cual mañana veraniega. El mar embravecido golpeaba mi cabeza como si una orquesta paseara por la playa, y la arena, esas pequeñas piedrecitas cuyo origen es desconocido, se entrometían entre lo impoluto de mi cuerpo.
El ambiente llamaba al descanso, a la reflexión en solitario y al temple de un paisaje tan hermoso.
Bajó telón y encendieron luces, pues es entonces, cuando una amiga con pálido semblante inundaba el mar y a la vez me observaba desde una laguna de estrellas y constelaciones. Ilusa yo, me sentí cómoda por un momento, pero luego pensé: '¿qué oculta tras esa inquebrantable sonrisa?' '¿si fuera todo un mero engaño? es decir, ¿un falso camuflaje que espera un mínimo despiste para atacar?'
Mi corazón dio un vuelco en sí, las olas rompieron en mis ojos y la arena se sacudió cuando mis piernas corrieron cual inocente gacela. No sé que pretendía, si huir del secreto que ella me escondía o correr para averiguarlo finalmente. Todos los caminos se estrecharon, diversificándose y creando un tumulto de laberintos en mi interior. Una solución, pensé.
Cuando las fuerzas empezaron a abandonarme, momento en el que la lucha torce a un claro vencedor, cuando das por perdida cualquier esperanza, ese sentimiento de abandono recorrió de nuevo todo mi laberinto interior y me encontré. Al fin. Sé que estas ahí, no voy a perderte más.
Me levanté. Olvidé mis pasos anteriormente dados y avancé, todo adquirió sentido y surgió sin previo aviso. Fin del trayecto, pensé, y me encontré con él, extrañada enfoqué concienzudamente hasta que vi que era real. Mi solución, ahí está.
Exhalé un último sprint y mis brazos se sintieron en el mejor lugar en el que podían estar, su abrazo.
No tardé mucho en volver a la oscura noche de verano, observarla sin ver su lado oculto y fijarme en que, con él, no temía a nada.
Mic.

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