Mi corazón sigue bombeando sangre, o al menos eso espero. Me quedo parada delante de la puerta, tengo dos opciones :
1. -Tomar el picaporte, girarlo y entrar.
2. -Huir, salir corriendo.
Miro hacia atrás, hay demasiada gente, no me permitirían salir de allí como si nada tras todo lo ocurrido. Así que tras esta breve charla con mis pensamientos, vuelvo a la realidad y respiro lo más hondo que puedo. Doy un paso al frente y estiro el brazo. Segundos después y casi sin darme cuenta estoy dentro. Una bocanada de realidad me inunda. El momento ha llegado, el que tanto esperaba, pero es todo muy distinto. Quiero abrazarte y no puedo, algo me lo impide, me siento pegada al suelo, por favor que alguien me saque de aquí, porque yo sola no se salir. Te miro, me reconforta la idea de verte igual que siempre, aunque ese aire decaído me inquieta y a la vez me preocupa. El poco aire que me queda lo uso para saludar e intentar esbozar una sonrisa. Un tanto deprimente porque creo que se ha quedado a medias. Mi cuerpo decide dejarse caer por ahí, con la esperanza de coger fuerzas para hacer o decir algo, pero no hay suerte. Parece ser que solo consigo observar la escena. Es como si solo hubieran pasado unas milésimas de segundo cuando me veo despidiéndome de ti y saliendo por la puerta con pasmosa rapidez. Una vez el calor del verano me abofetea, consigo tener consciencia de todo y ahora solo quiero llorar. ¿Por qué? Ni idea, solo quiero volver dentro y decir lo que siento, pero ya es tarde, ya no puedo, ahora solo me queda volver a lo que parece ser una eterna espera.
Ökami
No hay comentarios:
Publicar un comentario