miércoles, 14 de mayo de 2014

#194

Pintemos un cuadro. Uno con colores muy llamativos. Pongamos que aparece una mancha, verde o rosa, por ejemplo. La mancha rosa se encuentra vacía, rodeada del blanco más doloroso que existe. Nuestro color tiembla tanto que se está extendiendo, o está madurando (como diría la gente).


De pronto, un día cualquiera aparecen colores que desean acompañarla (como el amarillo, el morado o  el naranja). Sin pensarlo, rosa teme al azul hasta que éste se convierte en su príncipe, el príncipe azul.

Rosa ya no tiene miedo, el cuadro se ha llenado de estrellas. Hay tantas y tantas que ha conseguido soñar con los ojos abiertos. Su color es más reluciente que nunca. Ya no es un rosa palo, ahora es un rosa chillón.

Pasa el tiempo necesario para que el óleo se seque. Sin embargo, rosa se ve incapaz de vivir eternamente en un sueño que puede ser falso por lo que se pinta una armadura, se sube a su caballo y va corriendo en busca de su final feliz. 

La mala noticia llega cuando el príncipe azul destroza la armadura de su esperanza con un solo ataque. Malas noticias. El cuadro se llena de un color negro como si de la noche se tratase. Aún es bien cierto que no lo era pues faltaba la Luna y las estrellas. Rosa anda perdida pues ya no hay luz que le ilumine.

Rosa esta apagada (o fuera de cobertura). Ya no hay autor que pueda arreglar este desastre. Todas las cosas le van mal a rosa y ella sólo llora. 

Con el tiempo, las cosas sin ser perfectas, mejoran considerablemente. Vuelve a entrar la luz por la ventana y estrecha lazos con todos los colores, incluso con el azul. ¡Esperad! El autor tiene una gran idea... En el momento en el comienzan las primeras pinceladas todos los habitantes del cuadro comienzan a quejarse sin pensar en el bien común. Y rosa únicamente quiere que sean todos una obra de arte...cansada por tantas pinceladas inútiles decide abandonar la idea. Aún así, no dejan de cesar las críticas a su persona.

Rosa cree en el futuro y va a luchar por él. Ahora mismo rosa está en un cuadro a punto de ser sustituida por otros colores y sin embargo, no siente furia. Únicamente desea comenzar otro cuadro en el que todas las manchas luchen por convertirse en un valioso cuadro que algún día alcancen los éxitos soñados, aunque tengan menos calificaciones que aquellos que la rechazaban. 

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