jueves, 24 de abril de 2014
#191
martes, 22 de abril de 2014
Gracias.
Gracias por ser matemáticas, por ser números, por hacer infinito mi límite, por hacer infinito el límite de mi función; gracias por ser biología, por ser vida, por darme la vida aunque luego me la hayas quitado al marcharte; gracias por ser química, por ser un fenómeno y porque serás siempre mi compuesto favorito; por ser física, a pesar de que la fórmula no estaba preparada para que la distancia fuera tan grande, y menos aun cuando ésta está al cuadrado. Gracias por ser lengua, por ser poesía; por ser fe, por ser esperanza; por ser dolor, pero dolor del satisfactorio. Y llámame masoca, pero qué bien dueles. Hasta eso lo haces bien.
Y es que quizá mi problema fue que te supliqué a gritos que te quedaras cuando ni siquiera habías llegado. Te supliqué que no te fueras cuando ni siquiera habías decidido si te ibas a quedar.
Gracias por ser música, por ser el mejor compositor aunque tu obra fue muy triste, por ser un acorde de fundamental, porque serás siempre mi tonalidad favorita. Y finalmente, gracias por ser arte, aunque más bien fuiste el artista. Y gracias aunque maldita tu musa que hizo que tu obra resultara un desastre. Y gracias otra vez a pesar de que fuiste el artista de un desastre, el arquitecto de unas ruinas. Sí, eso fuiste. El arquitecto de unas ruinas. Pero gracias.
Por último, te voy a hacer una promesa: te juro que cada noche me acordaré de olvidarte.
Y es que quizá fuimos, somos y seremos nada. Pero qué nada tan bonita...
III
Tú y yo fuimos arte. Abstracto, impresionista, surrealista. Miró o Dalí, Monet o Van Gogh. O quizá Kandinsky. Llámalo como quieras, pero arte. Sin embargo en este caso el pintor no fue otro sino tú. Tú fuiste el pintor, yo tu lienzo. Te dejé escribir en mí todo cuanto quisiste y todo cuanto hubieras querido. Pero al acabar tu obra, no te gustó. Y, como todos los artistas, egoístas, perfeccionistas, en ocasiones excesivamente críticos e inmersos en la búsqueda de crear algo que les deje satisfechos, me tiraste. Me subiste al desván. Como un fracaso. Como algo que debía haber salido bien y no salió. Como algo que podría haber sido tu creación perfecta pero que al final resultó ser que quizá no estaba destinado a serla. Pero para ti es fácil. Cogerás otro lienzo. Evitarás volver a cometer los mismos errores y lo intentarás de nuevo. Pero... ¿y yo qué? ¿Qué hago yo ahora? Para mí no es tan fácil. Porque yo lo intentaría contigo hasta que nos saliera bien.
Y ahora me doy cuenta de que ni los matemáticos, ni los biólogos, ni los químicos, ni los gramáticos, ni los deportistas, ni los creyentes, ni los artistas.
Nadie podrá explicar jamás lo nuestro. O lo mío. Nadie podrá explicar jamás cómo me hiciste sentir, ni cómo lo haces ahora. Ni siquiera yo, por mucho que me empeñe en poner en palabras nuestra historia. Por mucho que me esfuerce, sé que no lo conseguiré. Pero lo sigo intentando, créeme. Y, sin embargo, después de tantas palabras, después de tantas hojas, después de tantos textos y después de tantas lágrimas, ahora ya sólo sé una cosa, y resumo nuestra historia reduciéndola a una palabra.
Fuimos.
¿O no?
domingo, 20 de abril de 2014
#190
Hola. Me llamo... bueno mi nombre y edad no importan.
Está lloviendo. Tengo la ventana abierta para que entre el agua de lluvia. Pero no es la lluvia, sino mis lágrimas, las que intentan borrar las letras de mi carta.Nadie sabe que estoy aquí encerrada. Sé que el cielo será el único que llore conmigo esta noche. Porque después de tantas mentiras, por fin he comprendido que nada importa realmente. Todos sufrimos, ¿y para qué? La sociedad se las apaña para destruir cualquier pizca de felicidad que pueda asomar a tu vida. Y luego te hunde en la más profunda miseria, dejándote respirar solo lo justo para poder volver a hacerlo.
Lo siento. Sé que no te interesan los últimos pensamientos de una suicida. No tienes por qué seguir leyendo esto, tan solo es una carta, una explicación para el que la necesite. Aunque es difícil de explicar por qué he decidido esto. No soy feliz, pero mi vida no es de las peores. Simplemente he comprendido que no merece la pena.
Ya estoy harta de fingir que me creo las mentiras de la gente. Y ya es hora de desaparecer. Noto que la hora se acerca. Un trueno me devuelve a la realidad. Mierda. He arrugado la carta. Disminuyo la presión y estiro la nota. Lo mejor que puedes hacer después de leerla es tirarla al fuego. O incluso antes de leerla.
Sonrío con ironía al ver que me tiembla el pulso. Oigo un trueno. Contaré hasta tres. Uno, dos…Tres.La sangre resbala por mi brazo y respiro profundamente. Duele, pero no me importa. Hago lo mismo con la otra muñeca y la lluvia trata inútilmente de impedírmelo.Me empiezo a quedar sin fuerzas. Suelto la navaja. Me estoy mareando. Alguien intenta abrir la puerta, pero ya es tarde, aunque quisiera ya no tengo fuerzas.Todo se empieza a poner blanco. Una última lágrima resbala por mi pálido rostro. Lo último que veo es el rojo de mi sangre, mezclada con la lluvia, a mi alrededor.
jueves, 17 de abril de 2014
#189
Vale, ya he tenido una vida normal, ahora por favor dadme a mi hada madrina, mi príncipe, mi castillo, mi pony rosa y mi final feliz.
PD: también quiero mis poderes mágicos y estar en Ravenclaw.
martes, 15 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
#187
#185
Así se terminó la historia, no con la palabra "Fin", sino con puntos suspensivos, el de la rabia, el de la paciencia y el de la indiferencia.
domingo, 6 de abril de 2014
#183
miércoles, 2 de abril de 2014
Asignaturas pendientes II
Mi Dios ateo.
