martes, 22 de abril de 2014

III

¿Matemáticas? ¿Biología? ¿Química? ¿Física? ¿Lengua? ¿Religión?

Tú y yo fuimos arte. Abstracto, impresionista, surrealista. Miró o Dalí, Monet o Van Gogh. O quizá Kandinsky. Llámalo como quieras, pero arte. Sin embargo en este caso el pintor no fue otro sino tú. Tú fuiste el pintor, yo tu lienzo. Te dejé escribir en mí todo cuanto quisiste y todo cuanto hubieras querido. Pero al acabar tu obra, no te gustó. Y, como todos los artistas, egoístas, perfeccionistas, en ocasiones excesivamente críticos e inmersos en la búsqueda de crear algo que les deje satisfechos, me tiraste. Me subiste al desván. Como un fracaso. Como algo que debía haber salido bien y no salió. Como algo que podría haber sido tu creación perfecta pero que al final resultó ser que quizá no estaba destinado a serla. Pero para ti es fácil. Cogerás otro lienzo. Evitarás volver a cometer los mismos errores y lo intentarás de nuevo. Pero... ¿y yo qué? ¿Qué hago yo ahora? Para mí no es tan fácil. Porque yo lo intentaría contigo hasta que nos saliera bien.

Y ahora me doy cuenta de que ni los matemáticos, ni los biólogos, ni los químicos, ni los gramáticos, ni los deportistas, ni los creyentes, ni los artistas.

Nadie podrá explicar jamás lo nuestro. O lo mío. Nadie podrá explicar jamás cómo me hiciste sentir, ni cómo lo haces ahora. Ni siquiera yo, por mucho que me empeñe en poner en palabras nuestra historia. Por mucho que me esfuerce, sé que no lo conseguiré. Pero lo sigo intentando, créeme. Y, sin embargo, después de tantas palabras, después de tantas hojas, después de tantos textos y después de tantas lágrimas, ahora ya sólo sé una cosa, y resumo nuestra historia reduciéndola a una palabra.

Fuimos.



¿O no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario