O quizá lo nuestro fue cuestión de fe. Yo creyente, la más creyente. Creí en ti, creí en nosotros, creí en lo nuestro. E incluso, en ocasiones, creí en mí. Y recé, te juro que aunque no funcionara, recé. Mil oraciones. Pero quizá nadie me escuchaba. O quizá no rezaba lo suficientemente fuerte. Pero grité, te juro que grité, con todas mis fuerzas. Pero no fue suficiente. O quizá el problema fue que tú eras ateo.
Mi Dios ateo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario