martes, 22 de abril de 2014

Gracias.

Finalmente, gracias.


Gracias por ser matemáticas, por ser números, por hacer infinito mi límite, por hacer infinito el límite de mi función; gracias por ser biología, por ser vida, por darme la vida aunque luego me la hayas quitado al marcharte; gracias por ser química, por ser un fenómeno y porque serás siempre mi compuesto favorito; por ser física, a pesar de que la fórmula no estaba preparada para que la distancia fuera tan grande, y menos aun cuando ésta está al cuadrado. Gracias por ser lengua, por ser poesía; por ser fe, por ser esperanza; por ser dolor, pero dolor del satisfactorio. Y llámame masoca, pero qué bien dueles. Hasta eso lo haces bien.

Y es que quizá mi problema fue que te supliqué a gritos que te quedaras cuando ni siquiera habías llegado. Te supliqué que no te fueras cuando ni siquiera habías decidido si te ibas a quedar.

Gracias por ser música, por ser el mejor compositor aunque tu obra fue muy triste, por ser un acorde de fundamental, porque serás siempre mi tonalidad favorita. Y finalmente, gracias por ser arte, aunque más bien fuiste el artista. Y gracias aunque maldita tu musa que hizo que tu obra resultara un desastre. Y gracias otra vez a pesar de que fuiste el artista de un desastre, el arquitecto de unas ruinas. Sí, eso fuiste. El arquitecto de unas ruinas. Pero gracias.

Por último, te voy a hacer una promesa: te juro que cada noche me acordaré de olvidarte.


Y es que quizá fuimos, somos y seremos nada. Pero qué nada tan bonita...

No hay comentarios:

Publicar un comentario