Y así mi cabeza estallaba de dudas. Porque mis manos ya no sabían qué hacer ni mi boca cómo rugir. Todo por varios locos que me habían revolucionado las mariposas. Todo por hacer chirriar mis dientes en vez gritar.
Es por ello que ya no se cómo reaccionar ante los espasmos que me da el corazón. Que no se qué cara ponerle a las lágrimas. Que no sé estar tranquila.
No sé combatir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario