jueves, 26 de diciembre de 2013

#85

Mientras escribía tumbada en la cama, me quedé dormida con el ordenador acomodado en mis muslos, y recordé aquella tarde con él: esa tarde de finales de agosto que parecía aún muy lejos de caer ante la brisa otoñal inminente. Él sabe que me cuesta decidirme entre varias opciones, que cuando le doy la mano a alguien lo hago de forma endeble, que mi orgullo es solo comparable con mi cabezonería Pero con él, apenas me temblablan las manos, era la primera persona que me hacía sentirme tan segura de mí, de lo que hacía. Era la primera persona con la que fui capaz de ser un libro abierto. Era la persona que me cambió e hizo que olvidara todo lo malo de mi misma para siempre...

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